Un mes atrás las películas románticas y
los cuentos de hadas me incomodaban. Verlos, escucharlos, me hacía retorcer en
el sillón y sentir náuseas. Nunca creí en las historias que veía en la tele, y
nunca creí que era posible enamorarse de alguien en tan solo un mes.
Pero puedo decir que entendí, que todo
ese rechazo hacia el romanticismo, hacia las miradas cómplices y profundas,
hacia los besos , hacia las caricias tiernas, no era más que un simple MIEDO.
Miedo a sentirme así, miedo a perderme en un mar de emociones y sentimientos
que después no iba a poder controlar.
Evité dejarme llevar por mucho tiempo, me
encerré entre paredes llenas de excusas, de motivos y de argumentos para no
creer. Me reí de los apasionados, de los poemas y canciones más románticas que
se escribieron. No supe abrirme a la posibilidad de sentir… algo más, algo que
ni mi mente pudiese controlar.
Pero hace un mes, y desde ese entonces,
es que me volví adicta a la sorpresa, al perder el control por alguien, por un
beso, por un roce, por una mirada.
No dejé de suspirar y me permití, por
primera vez, ser esa chica dulce y romántica que mira al chico que le gusta y
le tiemblan las piernas. Le permití a mi corazón latir descontrolado por la
ansiedad y adrenalina que invadían mi pecho.
Hace un mes, conocí a ese chico, que
logró llegar a mi corazón, y desde adentro romper una por una cada barrera que
me separaba de mi destino. Hace un mes, conocí esos ojos, esa mirada que mutó
con los días, pero siempre con infinita dulzura y sinceridad y… no pude
resistirme.
Este mes empezó con días de asombro, de
sorpresa, de curiosidad. Siguieron otros de cuestionamiento, dudas, miedo. Y
concluyó, más rápido de lo que podía imaginar, con un sueño en el que ya me
encontraba amándolo.
Hoy se cumple un mes desde ese primer
beso, pero hace más que lo observo y deseo. Desde ese primer día en ese bar,
atrapó primero mi mirada, luego mi mente, y finalmente… mi corazón.
Me hizo perder la cabeza, desenchufó mi
cable a tierra para dejarme volar. Me hizo ver que existe algo más allá de las
estructuras, de los grises, de las “reglas”. Algo más puro y sincero, algo más
hermoso… AMOR.
Amor de ese en el que no existe la vergüenza,
las trabas. Amor de ese que desconcentra, que nos aísla del mundo, que nos
desata y nos lleva a un lugar íntimo y secreto en donde no se sienten las
miradas que juzgan. Amor en el que todo es posible y todo es hermoso.
Ya no mido los minutos ni las horas, ya
no existe el tiempo. Dejé caer el libro en el que alguna vez escribí
condicionando a mi alma. Rompí mis ataduras, y puedo correr hacia mi futuro, un
mundo en el que solo existen sus ojos, y ya no le temo a nada.
Un mes, el primero... de lo que espero sean muchos más a su lado.
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