Probablemente este sea el mejor y el peor momento para sentarme a escribir.
Una parte de mi cuerpo pide plasmar en palabras y "papel" todo lo que estoy sintiendo, la otra dice: "PELIGRO!".
Una promesa en vano, una traba a mis emociones. Mi ingenuidad extrema creía poder manejar mis sentimientos como solía hacerlo, pero por primera vez, mi cabeza queda en segundo plano, opacada por un conjunto de movimientos internos que mi cuerpo experimenta.
Expuesta a todo riesgo, me dejo llevar y vuelo.
Una sensación que quiero que dure para siempre, que aunque mute con el tiempo, no desaparezca esa incertidumbre que me mantiene despierta. Sus sorpresas me cautivan, me deslumbran.
Un viaje en un taxi, que me pregunta "por qué?" y me avisa que estoy por caer, o que ya caí. Momentos de silencio que traen miedo.
Pero después lo miro, y me pierdo en sus ojos, me olvido del espacio y del tiempo y soy feliz.
Veo ternura, veo amor.
Mi conciencia sigue cuestionando, si no será mucho, si no será muy rápido. Se regocija con el presente pero le teme al futuro. Intenta levantar paredes, pero el corazón las derrumba con un simple soplido.
Vivo una constante contradicción, lo que anhelo y lo que debo, lo que deseo y lo que temo.
Hoy no me importa ser cursi, no me importa mirarte y delatarme con mi mirada perdida en el sueño de que seas mio. Hoy no pienso, siento.
Y qué siento? Que estoy enamorada de vos.
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