Palabras: escribir, hablar. Herramientas
de las cuales hago uso diario, quizás más que cualquier otra persona (algunos
lo llamarían abuso), pero la realidad es que a la hora de vivir, los hechos
valen más que mil palabras.
El hecho que marcó el día 8 de Junio del
corriente año, fue la prueba de que una vez más algo se rompe. Una idea, un
plan, se quiebran para abrirle paso a un acto espontáneo, algo quizás más
genuino y más propio de nosotros.
Los títulos, en mi mundo son solo
palabras, no siempre representan realidades, y por más lindas que pueden sonar
a veces, no son lo que más me importa en la vida, ni cambian mi forma de
vivirla. Pero a veces, estas palabras pueden contener cosas que las exceden,
aunque imperceptibles para alguien distraído, más profundas y reales... como
una promesa.
Las palabras sin contexto, sin otras que
las rodeen o acompañen, se sienten vacías de contenido, pero el sábado, surgió
la curiosa unión de cuatro palabras: una que implica una elección, otra una
cuestión existencial, la tercera (y aunque no sea de mis preferidas, o si)
remarca la posesión de algo o alguien, dejando lugar a la cuarta, un concepto
tan amplio o tan simple como el sol. Estas, como él dijo, marcan el comienzo de
algo... DIFERENTE. Algo nuevo por explorar, por practicar, por conocer. Nos
posicionan diferente, con el mismo sentimiento, pero desde mi punto de vista,
con una promesa de por medio. Y junto a la promesa, (espero), la lectura de un
futuro que nos aguarda... juntos.
Y qué prometo yo? Mientras me arrodillo y
formulo LA pregunta, sonrío, imaginando lo que un "SI" como respuesta
implicaría. Es una promesa de amor, un compromiso para con él. Quererlo,
cuidarlo, mimarlo. Hablarle, sobre lo que me gusta y lo que no, lo que siento.
Estar presente cuando la noche se haga larga. Calmar sus miedos con caricias.
Acompañarlo tanto como cuando lo ahogue la tristeza y como cuando lo inunde la
felicidad. Compartir los gustos en común, y alegrarme con su regocizo por los
que no compartimos también. Abrir los ojos para aprender a observar, entender,
crecer. Mirarlo para que pueda leerme como suele hacerlo, y decirle todo eso
que tengo contenido y a veces no dejo salir con palabras, porque él me
entiende, así en silencio. Seguir mostrándome transparente y vulnerable a sus
ojos, como con nadie hice, para dejarme abrazar y ayudar, como él sabe
hacer.
Esta es mi promesa. Y mi anhelo? Participar
en su rutina, en su presente. Sin acapararlo, desde el asiento del acompañante
(y a veces al volante) compartiendo nuestros mundos, que a veces se fusionan
para convertirse en uno y a veces se dejan separar por la realidad que nos
abruma. Compartir, sin cambiar ni un detalle de nuestra historia ni nuestro
camino.
Hoy me despido entre suspiros y sonrisas
dulces, pensando en cómo disfruté romper con sus esquemas, así como él
rompe a diario con los mios. Esa parte medio obsesiva y estructurada con la que
solemos protegernos, armarnos el camino para pisar estando seguros. Pero que
lindo es saber que a veces por mas seguros que estemos, siempre hay una parte
del camino que nos desestabiliza, donde podemos perder el control, que a la vez
nos demuestra que si nos mantenemos firmes en nuestras convicciones, no importa
cuanto tambaleemos, saldremos de nuevo a tierra firme. Mientras vayamos de la
mano, con confianza, con amor, todo es posible. Con la ayuda del otro, el
abrazo cálido y las caricias tiernas emprenderemos ese camino... juntos.
Mi reflexión final: Nuestro comienzo, ya
se vio marcado por una de sus primeras elecciones como "novio
oficial": compartir el alcolchado. Aunque sabía que arriesgaba sufrir
durante la noche ante el inminente robo y empujón de la cama. Pero él, dándole
inicio a la práctica de "en las buenas y en las malas", eligió pasar
la noche bajo el mismo manto. Qué mejor representante del amor que ya hay y del
que, deseo, siga creciendo con el paso del tiempo?
A veces es con sonidos a veces en lenguaje
mudo. Hoy con letras cibernéticas te digo una vez más: Te amo.
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