Hoy, por obra de la ley de atracción, de magia, de la vida, del destino, o de algún ente desconocido, llegó a mi una de las leyes de la espiritualidad. Llegó como quien no quiere la cosa, pero me dejó pensando. Alguien me estaba avisando, que ya podía empezar a dormir tranquila, que tenía que dejar de culparme por los errores cometidos y tenía que simplemente aceptar el pasado como lo que es, algo que ya pasó. Y así fue, entendí de pronto que a lo único que tengo que aferrarme, es al presente, recordando las enseñanzas del pasado.
Soltar el dolor, la auto-crítica (aunque a veces y en cierta medida está buenisima)
Entender esta "ley" es un buen comienzo para aprender a perdonarnos a nosotros mismos. No significa dejar todo en manos del destino sin pensar en las consecuencias como si no tuviesemos control sobre nuestras vidas, sino es para el momento posterior, en el que todo ya está hecho, y lo único que nos queda es entender que todo lo que pasó, pasó por algo. Sucedió exactamente como tenía que suceder. Y llega el momento de la aceptación, luego de aprender de los errores, y de dejar ir la culpa, la angustia, la ira, los miedos. Simplemente aceptar.
Aceptar es el primer paso para empezar de nuevo, mientras lo bueno y lo malo nos acompaña, pero sin llevarlo en la espalda, sino caminando a la par nuestra. Y a medida que avancemos, lo malo se irá despegando para dejarle a las muchas cosas buenas que están por venir.
Empezá a sentirlo, empezá a pensarlo. Nuestra cabeza tiene el poder de transformar todo deseo en realidad. Solo hay que estar convencido. Y así lo que tenga que suceder, sucederá.
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